ENTRE EL ÁNGEL Y EL VERDUGO: EL CONTROL PARENTAL COMO FIN DEL CUIDADO DE SÍ

He empezado este texto varias veces, y siempre llego al mismo punto: ¿cómo entró en diálogo con los autores propuestos? Después de muchas vueltas, e incluso de pensar en que la IA me hiciera el trabajo, he tomado una decisión arriesgada, pero fiel a mí misma: poner en diálogo el episodio con el cuidado de sí de Michel Foucault —pues mientras veía el episodio, sus planteamientos venían a mi cabeza una y otra vez— y con Byung-Chul Han, autor que se me presenta en este módulo y a quién no he leído antes por una resistencia, quizá heredada o snob. Además de intentar dialogar con estos autores, está mi propio interés.
Después de ver los tres capítulos sugeridos para esta entrega, me decidí por Arkangel (Black Mirror, Temporada 4, Episodio 2). Los motivos son varios: es una historia que conecta con mi interés investigativo, trata la infancia, la relación que se teje con la familia y, por supuesto, cómo esta relación construye la subjetividad de Sara. Es una infancia controlada y vigilada, que entra en resistencia y oposición.
En este capítulo encontramos a Marie (mamá) y a Sara (hija) como nuestras protagonistas principales. La primera escena nos presenta a Marie en la sala de partos, a punto de someterse a una cesárea. La preocupación de Marie es: “No puedo creer que no haya podido hacerlo. Ya no podía pujar más”. Esta escena inicial permite interpretar la experiencia de Marie bajo el signo de una culpa anticipada: ha sido demasiado débil y, por lo tanto, se siente como un fracaso en su papel de madre. La culpa y el miedo se mantienen latentes en ese diálogo; un miedo que irá en aumento junto con la incertidumbre y la culpa, la cual la lleva a la certeza de no ser suficiente para darle bienestar a su hija. Pero no nos adelantemos.
Un médico anuncia “el bebé ya está fuera. Cortamos el cordón umbilical”. Mientras se dice esto, el silencio es evidente, no hay un llanto que le anuncie al mundo que el aire está en esos pulmones, Marie se asusta y pregunta “¿está bien?” Nadie responde. Ella empieza a desesperarse, en su rostro se ve el miedo, la angustia y la culpa. Por fortuna, el llanto por fin llega. Entonces, la sostiene mientras su vientre y piernas están cubiertos de sangre. Esa imagen, es bella, en el sentido de aquello que no dice. Marie sostiene a Sara pero está en tormenta.
La madre, como la figura más cercana al infante en sus primeros años, sin saberlo, reproducirá en sus hijos una copia de su cultura, su cosmovisión, sus mitos y creencias, estereotipos y machismos que le darán al infante una comprensión y aceptación del mundo a partir de lo que ve, escucha y hacen sus cuidadores. (Sánchez Ríos et al., 2022 p. 68).
En la siguiente escena Sara ha crecido, su abuelo intenta darle verduras, pero mamá llega y se la lleva al parque. Aquí es donde Marie se rompe, ella se pone a hablar con una conocida, dicho sea de paso, quienes somos madres o cuidadores de las infancias sabemos lo difícil que es tener una conversación con un adulto, la interacción con el mundo se vuelve casi inexistente. Es así que en esa conversación cotidiana, Sara se pierde. Un gato llama su atención y se va. Marie entra en caos, grita, corre, se acelera y de nuevo se culpa. No puede cuidarla. No está lo suficientemente atenta. Sin embargo, Sara aparece. Sana y salva. La más afectada es Marie, la abraza y le pide perdón. De nuevo, la culpa.
El mito de la madre perfecta, de hecho, solo sirve para culpabilizar y estigmatizar a las mujeres que se alejan de él. Las madres son consideradas fuente de creación, las que dan la vida, pero también chivos expiatorios de los males del mundo cuando no responden a los cánones establecidos. Se las responsabiliza de la felicidad y los fracasos de sus hijas e hijos, cuando ni lo uno ni lo otro está a menudo en sus manos, y depende más de una serie de condicionantes sociales. La maternidad patriarcal ha hecho que muchas madres a lo largo de su vida sintieran, como escribía Adrienne Rich en su clásico Nacida de mujer, «la culpa, la responsabilidad sin poder sobre las vidas humanas, los juicios y las condenas, el temor del propio poder, la culpa, la culpa, la culpa» (Vivas, 2020, p. 10)
Hago hincapié en la culpa, pues es fundamental para entender el comportamiento de Marie, ella no sólo siente miedo, pues el miedo paraliza, sino que es la culpa la que la lleva a pedir perdón, y por lo tanto, a cumplir una penitencia y remediar su accionar descuidado. Sara y Marie están en las instalaciones de Arkangel —una perturbadora metáfora para el ángel de la guardia, ese que fue nuestra dulce compañía y protección—. Una doctora o quizá promotora le está contando los beneficios del producto, y apunta al dolor de Marie “La seguridad, la paz interior…”, justo lo que ella no tiene y busca con desesperación. Por eso no hay preguntas, a Sara le instalan el dispositivo inmediatamente.
El dispositivo de control parental le permite a Marie saber la ubicación exacta de Sara (en caso de perderse de nuevo podrá avisar a la policía), sus signos vitales y, quizá lo que me causa más terror, su actividad visual y auditiva; es decir, Marie podrá ver y oír lo que Sara ve y oye. Además, tiene la posibilidad de limitar el contenido. Su rostro muestra extrañeza al ver cómo el control pixela las imágenes y distorsiona el sonido. ¿En qué momento el miedo y la culpa de Marie son tantos que invade sin restricción la privacidad de su hija? Es lo que llamaría Byung-Chul Han, citado por Bellver Capella & Romero-Wenz (2022), «negatividad». Marie busca eliminar a como dé lugar esa negatividad.
Lo no-inmediato, lo que se demora, fuerza a la espera, que es una de las formas más insoportables de “negatividad”, porque la espera supone ausencia de control e incertidumbre. Lo propio de nuestra sociedad, según Han, ha sido superar esa negatividad mediante la tecnología, que nos permite ejercer un control cada vez mayor, reduciendo de forma proporcional la incertidumbre y la espera. (p. 161).
Marie siente miedo, busca vigilar a Sara, pero esto no alcanza para que ella —Marie—, sienta tranquilidad o confianza, es por esto que busca control. Controlar lo que Sara ve, escucha y siente. Qué subjetividad configura Sara, si el control parental activado por Marie le impide experimentar situaciones de dolor, miedo, desconcierto, “[si] precisamente la negatividad mantiene la vida en vida, El dolor es constitutivo de la experiencia. Una vida consistiera únicamente en emociones positivas o vivencias óptimas no sería humana. El alma humana debe su profunda tensión precisamente a la negatividad”. (Han, 2021, p. 29)
El dispositivo parental creado para “proteger” a Sara no se limita a controlar su seguridad —es decir, a informar dónde está o cómo se encuentra su salud física—, sino que interviene directamente en aquello que puede ver, experimentar, oír y sentir. De este modo, la protección deja de ser únicamente una práctica de cuidado y se convierte progresivamente en una forma de regulación y control de la subjetividad.
El problema central de Arkangel no es que exista vigilancia, sino que la vigilancia se presenta como cuidado y termina reorganizando las condiciones mismas bajo las cuales Sara puede construir su autonomía. La vigilancia permanente modifica la relación de Sara consigo misma y su entorno. Marie puede observar lo que ocurre en la vida de su hija, no sólo en tiempo real, sino en retrospectiva, lo que le permite intervenir sobre situaciones que ella considera inapropiadas o incorrectas para Sara. Esto establece una relación profundamente asimétrica: una persona observa y decide, mientras la otra es observada y regulada.
«Sara: ¿De qué color pinto el pelo? ¿Mamá? Marie: Del que tú quieras. Yo lo pondría castaño».
Esto nos podría llevar a pensar que Sara es prisionera, pues es a quién vigilan, pero ahí ambas lo son, ya que Marie está atrapada en esa espiral de control, miedo y culpa, en palabras de Han (2021) “ser libre no significa otra cosa que realizarse mutuamente. La libertad es un sinónimo de libertad lograda” (p. 8) y Marie es ama y esclava de ese sistema de control.
Arkangel, permite un filtrado afectivo, eliminando de la percepción de Sara todo aquello que podría producir miedo, angustia o dolor, incluso el propio. En un primer momento, esto se presenta como una forma de protección, ante el bombardeo de la violencia en el contexto tecnológico. Sin embargo, al eliminar sistemáticamente determinadas experiencias, como el ladrido del perro, también se limita la posibilidad de que Sara elabore por sí sola sus emociones y aprenda a enfrentarse a situaciones difíciles. Volvamos al perro y su ladrido, Sara ya no tiene el control parental activado, siente al perro, escucha su ladrido y se asusta tanto que intenta pasar la avenida sin fijarse y un carro pasa muy cerca de ella. Dejándola aún más desconcertada. Entonces, el problema no es únicamente que no pueda ver determinadas imágenes o sentir ciertos estímulos, sino que otra persona decide qué experiencias pueden formar parte de su mundo, y por lo tanto, no construye alternativas de solución, mecanismos de defensa o criterios de decisión.
Por esto, la subjetividad que se puede configurar limita la autonomía. Sara está protegida de ciertas experiencias, pero precisamente esas experiencias forman parte de los procesos mediante los cuales ella podría aprender a tomar decisiones, asumir consecuencias y construir criterios propios. La vigilancia intenta producir una subjetividad obediente y controlada, pero la búsqueda de experiencias propias genera una respuesta de oposición y desafío. En lugar de un sujeto que reflexiona sobre su conducta, el control parental ha forjado una subjetividad que, ante la ausencia del filtro, actúa desde la compulsión, demostrando que la protección, cuando es absoluta, termina por desmantelar las bases mismas de la autonomía humana.
El episodio nos muestra que proteger a una persona no siempre significa favorecer su desarrollo autónomo. Lo que se piensa una práctica del cuidado, por parte de Marie, en realidad es una intervención sobre las formas mismas en las que Sara puede conocer, sentir y experimentar el mundo.
Para construirse como sujeto, Sara necesita poder tomar decisiones, equivocarse, enfrentarse a situaciones difíciles y desarrollar criterios propios, pero Arkangel permite que Marie intervenga antes de que esas experiencias puedan producirse o incluso antes de que Sara conozca las consecuencias de sus actos, como el caso del embarazo. La tecnología reduce el margen de incertidumbre, o de nuevo en palabras de Han, de negatividad que acompaña necesariamente al crecimiento. De este modo, el episodio plantea una paradoja: cuanto más intenta Marie controlar las condiciones de seguridad de Sara, menos espacio deja para que Sara aprenda a gobernarse a sí misma o en palabras de Foucault a cuidar de sí.
El cuidado de sí es el conocimiento de sí —en un sentido socrático-platónico—, pero es también el conocimiento de un cierto número de reglas de conducta o de principios que son a la vez verdades y prescripciones. El cuidado de sí supone hacer acopio de estas verdades: y es así como se ven ligadas la ética y el juego de la verdad. (Foucault, 2002, p. 113)
Sara al no tener un conocimiento de la realidad, se hace daño a sí misma. No ve la sangre, por lo tanto, se clava el lápiz una y otra vez en sus manos. Marie preocupada por éste episodio la lleva al psicólogo con la duda de que Sara sea autista. Hasta ahora Marie no cuestiona el control parental ni el control que ejerce sobre ella. Espera que sea otra situación que la lleve a aumentar los cuidados y las prevenciones con Sara. Al descartar la posibilidad de autismo, Marie comenta con una evidente afectación de culpa y desesperanza “¿Yo le hice esto?” El psicólogo responde, con cierta practicidad “No puede deshacerse del implante, pero sí de la unidad parental. De la pantalla. Tírela y problema resuelto.” Sin embargo, Marie no la tira. Sí la apaga, pero no suelta el control.
Sara acude a la escuela convencida de que ya no es vigilada, censurada o monitoreada y le cuenta a Trick “Mi madre apagó el sistema”, es ahí donde él le muestra todo tipo de contenido de la red. Sin la censura del sistema o la capacidad de cuidar de sí, Sara todo lo quiere conocer y probar. Aquí de nuevo vuelvo a Foucault (2002), quien propone al otro como mediador.
Existen tres tipos de ejercicios, en relación al otro, indispensables para la formación del hombre joven:
El ejercicio del ejemplo: el ejemplo de los grandes hombres y de la tradición como modelo de comportamiento.
El ejercicio de la capacitación: transmisión de saberes, comportamientos y principios.
El ejercicio del desasosiego, de ponerse al descubierto: enseñanza socrática. (p. 57 - 58)
Esta dinámica de intervención constante no sólo configura una asimetría de poder, sino que atrofia la capacidad de Sara para desarrollar un cuidado de sí auténtico. Al sustituir la experiencia directa por una realidad filtrada, Marie le arrebata a su hija la posibilidad de desarrollar criterios éticos propios; para Sara, Marie no es una mediadora, en el sentido foucaultiano, nunca conversan, no transmiten saberes, no le enseña nada. Marie solo controla. Por eso al enterarse que Sara se encuentra en embarazo, evita la conversación y sólo le da una pastilla del día después en su batido matutino. A pesar del tiempo, Marie sigue viendo a Sara como una niña sin voluntad o capacidad de decisión, en ojos de Marie ella nunca crece, le da el abortivo como si fueran vitaminas. En lugar de un sujeto que reflexiona sobre su conducta, el control parental ha forjado una subjetividad que, ante la ausencia del filtro, actúa desde la compulsión, demostrando que la protección, cuando es absoluta, termina por desmantelar las bases mismas de la autonomía humana.
La relación de Marie y Sara es una hipérbole de nuestra sociedad. Marie no ejerce un poder disciplinario y Sara no es sumisa pero sí dependiente. Se ejerce el “poder inteligente [este] se ajusta a la psique en lugar de disciplinarla y someterla a coacciones y prohibiciones. No nos impone ningún silencio. Al contrario: nos exige compartir, participar, comunicar nuestras opiniones, necesidades, deseos y preferencias; esto es, contar nuestra vida” (Han, 2021, p. 17). Sara siempre está controlada, el dispositivo de control está en su cerebro. Al ser consciente de esta situación decide escapar. Pero, antes de irse se enfrenta a su madre.
Entonces, su mecanismo de denuncia es la violencia. El control parental se activa, todo lo ve pixelado, pero no deja de golpear. La rabia es más fuerte, ve a su madre en el piso y no demuestra ninguna emoción. Huye de casa y le pide a un camionero un aventón. Marie aferrada a su dispositivo de control, grita y clama por Sara.
Para concluir, el desenlace de Arkangel no es simplemente la representación de la rebelión adolescente, sino la materialización de la paradoja planteada antes: el cuidado que renuncia a la negatividad es, en última instancia, una forma de violencia, que pasa por sutil, pero es sumamente cruel y despiadada, pues destruye al sujeto y su posibilidad de formar una subjetividad propia. La huida de Sara, violenta y carente de emoción, no es un acto de desobediencia y emancipación planificado, sino la reacción visceral de un sujeto que ha sido privado de la posibilidad de construirse a través del conflicto. Al final, Marie y Sara nos advierten que, en nuestra sociedad de control, de poder inteligente, el intento de eliminar el dolor de la existencia termina por eliminar la condición humana misma, devolviéndonos una realidad donde la seguridad absoluta es el precio que pagamos por la aniquilación del ser y su autonomía.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Bellver Capella, V., & Romero-Wenz, L. (2022). Byung Chul Han: La sociedad transparente digital o el infierno de lo igual. SCIO, (23), 151–184. https://doi.org/10.46583/scio_2022.23.1102
Foucault, M. (2002). La Hermenéutica del Sujeto: Curso en el College de France (1981-1982) (H. Pons, Trad.). Fondo de Cultura Económica.
Han, B.-C. (2021). Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (A. Bergés, Trad.). Herder & Herder.
Sánchez Ríos, J., Ramírez Cuartas, J., Márquez Vergara, K., & González Bedoya, D. (2022). Machismos en la crianza: Narrativas de padres y madres universitarios del TdeA IU. [Tesis de licenciatura, Tecnológico de Antioquia]. Repositorio Institucional TdeA. Recuperado de https://dspace.tdea.edu.co/handle/tdea/2864
Vivas, E. (2020). Mamá Desobediente. Audible Studios on Brilliance.



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