Para qué pensar mientras todo arde
- María Osorio Gómez
- 22 ago
- 1 min de lectura

Estas tareas han sido tan desgastantes, tan inciertas, tan retadoras, que me obligan a pensar, no sólo sobre el tema sino sobre mi propia capacidad de pensar. ¿En realidad sé pensar? ¿Pienso? ¿Qué es lo que pienso? El tiempo ha sido un problema, pero el afán mismo me lleva a cuestionarme sobre mi propio entendimiento. Las hojas leídas se acumulan en el escritorio y en mi cabeza siguen resonando las mismas preguntas ¿Qué debo hacer? ¿Cómo debo hacerlo? y quizá la más cruel de todas ¿para qué hacerlo?
En estos momentos donde el mundo a mi alrededor arde, donde muchas familias viven un apocalipsis, un final. Yo estoy aquí, sentada en mi escritorio, buscando cómo alinear la teoría con mi pensamiento. Qué ejercicio tan agotador y a la vez, tan innecesario, en teoría. Me he preguntado una y otra vez, si debo dejar esto aquí y salir a la calle para recolectar alimentos, recoger agua y levantar escombros, pero me quedo paralizada, y sigo pensando. ¿Para qué? Después de hacerlo ¿qué me quedará?, lo vivido, seguramente, pero y, lo pensado a dónde irá.
A pesar de la premura de los tiempos de entrega, estoy aquí, escribiendo aquello que pienso. Es decir, no hago lo que debería ni tampoco lo que tengo para hacer. Mi mente divaga sobre este escritorio y se niega a concentrarse. Afuera el mundo arde; adentro, también.



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