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Hoy me celebro

  • Foto del escritor: María Osorio Gómez
    María Osorio Gómez
  • 17 jun
  • 2 min de lectura

Hoy escribo para celebrar. Recordando las palabras que frecuentemente me decía alguien que un día fue mi amigo: "escribe desde la luz, la alegría y la satisfacción". Hasta hoy lo había considerado un ejercicio narcisista y ególatra, eso de celebrarse, de ufanarse, de reconfortarse en el logro de las cosas. Mi cabeza decía: por qué he de vanagloriarme por lo que hice, no es nada extraordinario, es lo mínimo y, además, lo he hecho de pésima manera.

Sin embargo, hoy sé que no fue lo mínimo. Hoy he terminado mi primer año de doctorado, y me ha costado tanto llegar aquí, que necesito escribirlo para luego recordarlo.




He pensado tantas veces en renunciar, en abandonar, en guardar silencio y huir... pero resisto y persisto.

Este proceso académico no sólo ha sido un aprendizaje sino un descubrimiento, un saber que el tiempo es efimero, que la concentración es limitada y que mi mayor habilidad no es obtener la mejor nota, sino el sostenerme.

He tenido que luchar contra las voces de mi cabeza al ver una nota, respirar y recordarme todo lo que me costó poder escribir ese texto, cuántos fines de semana estuve trabajando en él, cómo llevaba mis lecturas a todo lado, cómo deje de descansar para poder terminarlo y entregarlo a tiempo. Ese ejercicio me ha llevado a entender que el camino recorrido no ha sido fácil y, tampoco, ha sido lo mínimo que podía hacer, al contrario he dado lo máximo.

Incluso ahora para escribir este texto de recordatorio he aplazado cosas de la casa, he aprovechado que ella aún duerme.

No obstante, esta satisfacción, esta alegría, este esfuerzo no lo he realizado en soledad, mi familia y mis amigxs me han sostenido, me han socorrido cuando he pedido ayuda, han estado ahí para escuchar mis desvaríos y lamentos, incluso sé que se sienten mucho más orgullosxs de la culminación de este año doctoral que yo. Y por supuesto, a ella... mi hija, que cuando ve que no me paro del PC me trae agua, ella que me exige que descanse o salga a dar una vuelta, que no me reclama por estar leyendo mientras está en la piscina, que me pregunta por mis clases y en días de mucho agotamiento me deja dormir, cierra la puerta y hace el desayuno.

En efecto, ha sido toda una proeza terminar este año. Dudas, tristezas, lágrimas, madrugadas y recordatorios.

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